viernes, 22 de mayo de 2015

HALF TRIATHLON DE PAMPLOÑA/IRUÑA 2015: BIENVENIDOS AL NORTE

Bienvenidos al Norte, bienvenidos a los territorios del Dios Eolo. Aún puedo sentir ulular el viento a través de mi casco, cuando desesperado trataba de mantener una velocidad medianamente decente mientras era maltratado por rachas de más de 50-60kmh.

Un infierno. Eso es lo que fue el sector de bici. Y los otros 2 apartados tampoco es que fueran mucho más favorables. Bueno, ya está bien de lamentos, así, nada más empezar la crónica, Fonseca. Sabías a lo que venías, no siempre las circunstancias son favorables y has de saber lidiar también “estos toros”. En Pamplona, ciudad con archiconocida fama taurina, esta vez el toro, en forma de viento, me pegó unas buenas cornadas, aunque al final creo que logré parar la hemorragia. Sin merecer trofeo alguno, al menos logramos salvar la faena. El resultado final lo vamos a dejar en “división de opiniones”.

En un “marco incomparable”, como se suele decir, el sector de natación tenía lugar en el embalse de Alloz, siendo el camping de Aritzaleku el lugar elegido para instalar la T1. Bonito sitio.





Día gris, feo y frío, alrededor de 10 grados y viento, mucho viento. Pintan bastos en ese sentido toda la jornada. Mi estreno como nuevo componente del Atlético San Sebastián se prevé duro. Nadie dijo que el triatlón, y más en estas distancias, fuera tarea sencilla.

La salida es a las 14h, horario poco habitual para mí. Llego pronto en compañía de Ruth, mi fiel “escudera”. Hasta el moño tiene que estar ya de mí. Preparo todo con suficiente tiempo y engullo un plato de pasta a eso de las 12 de la mañana, que me entra de aquella manera. También nos acompañan en esta ocasión nuestros amigos Goico y Nieves, que han venido “ex profeso” desde Madrid para verme competir. Goico es natural de Pamplona y se ofreció a acompañarme como excusa para darse una vuelta por la tierra que le vio nacer. ¡Muchas gracias, amigos!

Charlo un poco antes de la carrera con Jon, el único de los 3 compañeros del AtSS que conozco, ya que me dejó la bici con la que tomé parte el año pasado en el triatlón de Zumaia. Le pregunto cómo va a salir en la bici, si tiene pensado salir “a pelo” o no, y me dice que sí, que como mucho unos manguitos. Vascos, ya se sabe, tíos recios.

Nos deseamos suerte y venga, vamos allá…

AGUA

Nunca había visto un pantano con olas, la verdad. Pero haberlas “haylas”. Afortunadamente el agua está a buena temperatura, no todo va a ser negativo.

Me coloco en posiciones delanteras, pegado a la izquierda para compensar mi habitual tendencia a irme a derechas, cosas de tener un brazo izquierdo mucho más potente que el derecho, ya sabes. Bocinazo y al lío.




Lluvia de golpes y sobredosis de angustia, a los 100m me arrancan (literalmente) el GPS de la muñeca. Adiós a 200 “pavos” y sobre todo…prepárate Dani para hacer tu primer medio Ironman sin dato alguno, ni medias, ni ritmos, ni pulsaciones, ni nada que no sea tiempos totales y parciales, ya que afortunadamente siempre salgo con dos dispositivos, siendo el segundo un sencillo cronómetro. Por si acaso. Y mira tú por donde, se dio el caso.

Aun recuperándome del shock emocional, económico y tecnológico, he de seguir dando brazadas. Paso por la primera boya caótico, nunca me había peleado tanto buscando un simple sitio para hacer un giro. Segundo tramo de esta primera vuelta algo más tranquilo, aunque ya empiezo a desviarme hacia la derecha y tengo que corregir la trayectoria varias veces.

Salgo del agua la primera vuelta (son dos) en 17 minutos “pelaos”, bueno pues no voy tan mal. Informo a mis acompañantes del infortunio con el maldito GPS y de nuevo me lanzo al agua.

Segundos 950m algo más tranquilos, aunque siempre duros ya que “las olas” te bañan la cara cada vez que levantas la vista para buscar referencias. Buenos tragos acabé pegando. Llegando al final del sector dudo si pararme un poco a miccionar (no sé hacer dos cosas a la vez, o nado o meo, pero no ambas), y al final decido aguantar, pero obviamente pierdo el ritmo y unos buenos segundillos en esos momentos de duda acerca de necesidades básicas.




Salgo del agua en 34 y pico, ya 35 cuando piso la alfombra y el BIP, BIP, BIP anuncia el final de este primer sector. Me espera una dura T1, con una criminal y durísima rampa que hay que salvar descalzo y medio mareado, hasta llegar a la zona de las bicis. Con el corazón disparado y tiritando de frío entro en la carpa a cambiarme, y “la lío parda”. No me entran los calcetines, no me entran los manguitos, no encuentro las gafas de sol, blasfemo y juro en hebreo. Un competidor me saca de mi bloqueo al grito de “CagonSOS, la que estás liando, sal a pelo chaval, tampoco hace tanto frío, joder”. Se me va la vida en esta T1, para rematarlo no encuentro mi bici, solo me falta ponerme a llorar…

7 minutos de T1, desastre total, en fin, ya estamos a lomos de BeBe y vamos a ver lo que nos depara el destino en las siguientes (espero) algo menos de 3 horas…

BICI

Kilómetros iniciales en fuerte bajada, algo peligrosa también, sobre todo porque aún voy tiritando de frío y no coordino demasiado bien, me pego un par de sustos en un par de curvas cerradas. Poco a poco el cuerpo va cogiendo calor y empiezo a sentirme cómodo dando pedales. El viento sopla fuerte, y voy dando bandazos, aunque un vistazo al velocímetro me indica que eminentemente lo tengo a favor, dado que voy por encima de 40 sin mucha dificultad. Ya me avisaron “compis” del club que conocían tanto el recorrido como la previsión del tiempo que los primeros 30kms serían a favor y el resto en contra. De momento se cumple, espero que se equivoquen más tarde…




Medias de 38-39kmh, voy volando y pasando a todo Cristo, se alternan zonas llanas con algún repecho corto y duro que te deja seco, pero trato de mantener un buen ritmo y cadencia de pedalada. Como no llevo ritmo cardíaco voy por sensaciones, y ahora mismo el cuerpo me pide apretar. Pues aprieto. De vez cuando una racha de viento te pega un meneo que amenaza con sacarte de la carretera, pero tú sigues concentrado y apretando. Mucha sonrisita, mucho “qué circuito más guapo”, mucho “pues sí que es rápido, sí…”. Hasta que llegamos al 30.

Giro a izquierdas, salimos de la carretera general para adentrarnos en secundarias y…

…ATOMARPORSACO.

Me doy contra una pared. Joder, si no avanzo. Voy en llano, yo creo que incluso bajando un poco, plato grande, pero he de subir piñones y…¿24kmh? Esto ha debido de romperse, el velocímetro no funciona, pero si voy bajando, oiga.

Madre mía, 55km así (el circuito tiene 85km) van a ser un infierno. Y vaya si lo fueron.




Para rematarlo hay que subir un par de “minipuertos”, o tres o cuatro, que ya no recuerdo si eran subidas o simplemente el viento que no nos dejaba avanzar. Recuerdo la subida a Mendigorría como especialmente dura, con curvas en “ese” de esas que te dejan ver por donde tienes que seguir si alzas la mirada…”cagonlamar, ¿hasta ahí tengo que subir?”

Cruzo unas palabras con uno del Bulletbike, que me dice:

“Nos estamos metiendo la cabra y las ruedas de perfil por el c….”

Pues sí, anda que los que van con lenticulares…

Llevo a un niñato pegado a mi estela más de 20 minutos, y ni se inmuta el tío. Nunca antes había tenido que abroncar a nadie, pero me parece muy injusto que este corpachón mío se esté peleando contra Eolo y el niñato tan a gusto chupando rueda. Finalmente me aparto a un lado y le grito:

“Creo que te has confundido, esto no es un Olímpico, tira ya a tomarpor…”

Pone cara de tonto, lo que no le cuesta mucho, blasfema e intenta ir hacia adelante. Que te pires, niñato.

Los últimos 15kms se me hacen larguísimos, he descuidado algo la bici las últimas semanas y me parece que me está pasando factura. La media ha ido cayendo estrepitosamente y al final no voy a sacar ni 30, qué desastre.

Rematamos con otra subidita tremenda hasta alcanzar Pamplona y finalmente la guinda de la cuesta de Santo Domingo hasta alcanzar la plaza del Castillo, donde se encuentra situada la T2. Ruth y Nieves me reciben aplaudiendo y animando a rabiar. Olé.

2h57 de bici. Mal.

Me recoge la bici un voluntario, qué nivel, Maribel. A paso ligero entro en la carpa y me cambio, esta vez sí, rápidamente.

CARRERA

Control de daños en piernas…todo ok, parece que siguen estando bajo la cadera, no voy demasiado tieso, así que decido salir fuerte. O eso me parece, porque claro, no llevo GPS para controlar ritmos. Tampoco parece que estén marcados los puntos kilométricos, así que hasta que acabe la primera vuelta de 7km no sabré como voy. Pues nada, por sensaciones.

Salgo fuerte, eso ya lo he dicho, primer kilómetro para abajo hasta llegar a la muralla, a la que hay que ascender por unas rampas en zig-zag. Ya estamos con las gymkanas, como rompen el ritmo estas tonterías, hay que jorobarse. Otro ratito sobre la muralla, sobre asfalto “medieval” de adoquinado gordo, y brutal descenso hasta el río Arga, donde hay que ir con cuidado reteniendo de cuádriceps. Duele.




Una vez a orillas del río en teoría nos esperan unos 3km llanos. Pues sí, además por pistas de tierra, cosa que agradecen mis pies y rodillas. Me cruzo con uno del club, que me saluda, “Ehhh, apaaaaa”

“Apaaaa” (le respondo)

Va fuerte, el tío.

Llego a un giro de 180 grados y le pregunto a la voluntaria si sabe cuántos kilómetros hay hasta allí desde la salida.

3,5km. La mitad. Vistazo al reloj y joder, pues voy bien.

Último kilómetro criminal, por la cuesta de Santo Domingo y calle Chapitela,  hasta “ascender”, nunca mejor dicho, hasta la plaza de Castillo de marras. Menudo cuestón, me revienta, aunque hay mucho público animando…”Vamos Fonseca” “Aúpa Fonseca”.

Primera vuelta en 32min@4:40. Demasiado rápido me temo, lo voy a acabar pagando.

Tiro a por la segunda y en la bajada hacia el río primeros amagos de calambres…mierrrrrrda.

Llego al llano y me cruzo con otro del club, “Apaaaa”, me cuesta darme cuenta porque su equipación no es igual que la mía, parece más antigua. Bueno, pues ya los he visto a todos, luego habrá que jugar al quién es quién (resultaron ser Emilio y Aitzol, respectivamente). Al poco me adelanta (más bien me dobla) Emilio, con el que me había cruzado en primer lugar, que me toca el hombro y me saluda con el consiguiente “Apaaaa”.

Ya no voy tan bien de ritmo, no hace falta tener GPS para darse cuenta. En los avituallamientos me paro más de la cuenta. La subida de Santo Domingo esta vez tiene que ser andando, al menos en su primer tramo, luego la gente que te anima casi te obliga a correr, entre lágrimas de dolor y emoción.

Segunda vuelta en 36. Mal, ya voy por encima de 5min/km. Mierda.

En la última ya voy frito. Desde el zig-zag de la muralla ya los calambres son continuos, aprieto los dientes en la bajada y literalmente hago toda esta vuelta entre lágrimas de dolor, aunque decido no pararme, voy lento, pasitos cortos, tratando de no alargar la zancada para evitar los calambres. Además el estómago ha dicho basta, ya no me entra nada, y voy muerto de frío.




Pesadilla de 7km finales.

En Santo Domingo adelanto a dos tíos que van andando, que se pican y me vuelven a rebasar. Me toca bastante la moral el tema, así que esprinto desde ahí hasta el final, no te jode, los tíosssss…

Última entrada en la plaza y recorro “la serpiente” que han dibujado con vallas para la entrada en meta dándolo todo. Choco la manos con el pasillo de gente que precede al arco de meta, me cuesta incluso subir la rampita que han puesto para cruzar dicho arco.

5h34.Vaya tela. Durísimo. Parcial a pie 1h51. Mejorable.




Me colocan un pañuelo rojo “sanferminero”. Curioso, aquí sustituye a la medalla. Mola.

Busco a Goico con la mirada (mide 2 metros), me da la enhorabuena y al poco aparecen Ruth y Nieves, que estaban en las gradas de la recta de meta.

Entro tiritando a la carpa de recuperación, y busco isotónico y algo de fruta, aunque tengo el estómago centrifugando. Bueno, los trozos de naranja parece que entran. Cola para los masajes,  pocas camillas, así que pasando.

Todo el mundo comenta la dureza de la prueba y la paliza que nos ha dado el viento. Solo se escuchan dos palabras:

“Viento” y “Santo Domingo”.

Charlo un rato con uno del Ecosport Alcobendas. Por supuesto conoce a Hugo Écija, un “máquina” con el que competí en Arenales y con el que también he salido a entrenar en bici. Hugo juega en otra Liga.

No ha sido mi mejor prueba, desde luego. Pero creo que he sabido sufrir, eso sí me ha gustado. Bueno, ya vendrán triatlones mejores, esta vez el viento me ha superado.

Vamos Dani, al hotel, a ducharte y a cenar con tu mujer y tus amigos. Tú te lo mereces, y ellos, también.

Volveré a Pamplona el año que viene, seguramente. Tenemos una cuenta pendiente. Enhorabuena a la Organización por un triatlón espectacular. Duro, pero espectacular.

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