miércoles, 2 de diciembre de 2015

211 MINUTOS MÁGICOS: DONOSTI MARATHON


Las primeras líneas de esta crónica se las quiero dedicar a @Luis_vega_74.

Luis, amigo, te jodes.

No vas a encontrar un “no pudo ser”, “una lástima pero…”, “jugamos como nunca y perdimos…”.

Lo hice tío, fue increíble, fue fantástico, pudo ser espectacular y estratosférico, aunque se quedó finalmente en sobresaliente. Tendrías que haberme visto entrar en meta, entre lágrimas de alegría infinita y, por qué no decirlo, también alivio. En el fondo tienes razón, Luis. Ni yo mismo confiaba en “cascarme” una maratón así. Bien está lo que bien acaba. Ya era hora, joder. Después de una temporada digamos que aciaga, que empezó bien en Arenales pero que luego se fue torciendo poco a poco hasta desembocar en el desastre de Vitoria y posterior remate chungo en Medina de Rioseco, ya era hora de que algo me saliera bien.

Me inscribí a esta maratón de San Sebastián sabiendo que me arriesgaba mucho. Podía salirme bien y arreglar la temporada, o podía salirme mal y hundirme en la miseria más absoluta.

Todo o nada. Cara o cruz.

Salió bien (menos mal, oiga).

¡Cómo me alegro de apuntarme a última hora a la media maratón de Talavera de la Reina!

 Fue la primera vez en mucho tiempo que me sentí genial corriendo. Me sirvió para darme cuenta de que no estaba tan mal, que mis piernas aún sabían correr.

Bendito test de Gavela.  Qué golpe de moral positivo supuso hacerlo. Anticipaba una locura de marca que resulta tuve a mi alcance buena parte de la prueba, luego veremos por qué el resultado se quedó en sobresaliente y no fue estratosférico, pero esos 2x6000m pusieron mi autoestima en un nivel superior a escasos 10 días de la prueba.

No improvisar, respetar los descansos en los días previos, nutrición e hidratación previa, ser algo supersticioso y utilizar ésta o aquella prenda, o cenar exactamente lo mismo que cené el día antes de Talavera. Pequeñas cosas para afrontar el gran día con mayor tranquilidad, foco y confianza en mis posibilidades.

Y así me levanté una fresquita mañana donostiarra del día 29 de noviembre de 2.015.

Desayuné a las 6:30am, me vestí y coloqué en mis muñecas “friki-pulseras”  con el tiempo objetivo SUPER OPTIMISTA que pretendía hacer. 3h24, vamos ya te digo yo que ni de coña, pensaba. Pero bueno, Gavela y su test dicen que sí, que debería ser capaz de hacerlo, pues vamos a intentarlo, qué coño.

En el fondo mi objetivo real eran 3h30 (+/- 5min). Era mi primera maratón “a secas”, mis anteriores experiencias arrastrándome en los 42.195m de un Ironman no contaban. Pero si Gavela dice que puedo con ello lo voy a intentar. Decía Sebastian Kienle en el reportaje televisivo resumen del Ironman de Hawaii 2015, que algunos competidores adoptaban una estrategia conservadora sabiendo que eso les aseguraba un TOP5 en la clasificación final. Pero que él prefería arriesgar y “cagarla” sabiendo que haciendo eso contaba con un 10% de posibilidades de ganar y llevarse la prueba.

No, yo no iba a ganar nada. Pero si había un 10% de posibilidades de bajar de 3h25, pensaba que merecía la pena intentarlo. Y a por ello fui.

Me reuní con Luismi y juntos trotamos hacia la salida, situada cerca de la casa de mis suegros. Luismi corre la media maratón, es decir que podíamos ir juntos la 1ª de las dos vueltas de las que consta el circuito.
 
 
 

Me pregunta Luismi en cuanto pienso hacer esos primeros 21K. Pues 1h41, amiguete. Dice que sí, que en principio cree que puede aguantar el ritmo. Pues fenomenal, así voy distraído también en la primera parte, ya que en el km 22 se incorporará Isma para hacerme de liebre de ahí hasta el final.

Nervios en los momentos previos que aprisionan mi vejiga, por lo que tengo que evacuar precipitadamente instantes antes de la salida. Con el tiempo justo nos colocamos en nuestro cajón mientras suena un clásico “Highway to hell” por la megafonía. Pues espero que no sea así, porque un infierno de 42K puede ser “molto longo”, pienso.

Pistoletazo y comenzamos con calma, charlando tranquilamente Luismi y yo. Tras salir un poco acelerados, inevitablemente el ritmo del resto de competidores te lleva, un rápido vistazo al GPS me indica que vamos a 4:40. Ni de coña, toca echar el freno. Aviso a Luismi y me dice que lo que yo quiera, yo soy el que marcará el ritmo.

Aflojo y pasamos el primer kilómetro en 5:05. Bien.

Vamos bordeando el Urumea hasta el puente de Santa Catalina, donde desandamos el camino por la otra margen del río. Kilómetro 2 en 9:52 acumulado y bromeo con Luismi, “ya sólo me quedan 40”, con risa nerviosa (joder, pues no queda nada, madre mía).

Voy un pelín alto de pulso, en torno a 160, debería ir más bajo, sobre las 155, pero la verdad es que no siento que vaya alto, las sensaciones son mejor que buenas. De momento no me preocupo, aunque tendré que controlarlo.

En el km 3 me bajo los manguitos. He olvidado decir que la temperatura es ideal para correr, ideal para mí, entre 10-12 grados, nubladete, sin lluvia. Perfecto. Tengo un poco de calor y la verdad es que la camiseta interior de compresión podría incluso sobrar, es un día de correr en tirantes, pero bueno, es muy fina y no molesta.

Los kilómetros van cayendo sin nada reseñable, en el 4 paso en 20:12 y el 5 en 24:41 (parcial del último kilómetro 4:29, se me ha ido un poco de las manos, jeje). He acelerado “ligeramente” para clavar lo marcado por las pulseritas, bien, voy bien. Tengo que ponerme ya en velocidad de crucero entre 4:45-4:50min/km. Luismi se queja por ello.

 En el túnel de Zorroaga pierdo la señal de GPS, maldito Garmin, ahora ya me puedo olvidar del ritmo medio total, ya que me marca 500m de menos. Afortunadamente llevo dos relojes, como siempre, y puedo calcular a ojo los ritmos en el otro cronómetro normal.

Luismi se adelanta en cada avituallamiento para proveerme de agua y evitar que tenga que cambiar mi ritmo, ¡gracias amigo! Así da gusto correr.

Lamentablemente a la altura del kilómetro 8 me daré cuenta de que me he quedado solo, Luismi se ha debido quedar y no me he dado cuenta. Bueno, tengo un plan y he de seguirlo, cada uno tenemos que hacer nuestra carrera. Los kilómetros pasan volando y ya estoy en el kilómetro 10, que paso en 48:41, a escasos 6 segundos del objetivo marcado, que era 48:35. Voy de lujo.

Enfilamos ya por el paseo de la Concha hacia Ondarreta y Universidades. 12 kilómetros ya y fresco como una rosa, tiempo acumulado de 58:15 y parcial de 9:33 los últimos 2 kilómetros, esto es 4:46/km, y sigo de cine, oiga. Al girar 180 grados en la zona de los Polígonos me cruzo con Luismi y nos damos ánimos mutuamente.

Sumo 3 kilómetros más y llegamos al 15. 1h12:33, lo que significa que sólo pierdo 5 segundos frente al objetivo “pulseril”. Empiezo a fliparme un poco, y a la vez me asusto, voy demasiado bien y me pregunto si esto no me pasará factura posteriormente.

Tras pasar por el túnel que separa Ondarreta de la Concha atravieso el primer momento “malo” a nivel mental. Llevo 17 kilómetros y cometo el error de calcular “lo que me queda”:

25 kilómetros.

Error, la cifra me aplasta. Me acojono y empiezo a darle vueltas a la cabeza. “Ojo, Dani, lo vas a pagar luego”, “queda mucho”, “aún no llevas ni la mitad”. Inconscientemente aflojo el ritmo, y ya solo pienso en llegar al estadio y que “me recoja” Isma para acompañarme en la segunda mitad.
 

En el 20 paso por casa de mis suegros, 1h36:54 y ya voy palmando 34 segundos con las pulseras. Eso no importa ahora. Ahí están animando y sacando fotos, también están mis cuñadas, Shandra y Natalia, que gritan como locas “VAAAAAMOOOOOS DAAAAAAANIIIIII”. Sonrío y saludo, “decidle a Ruth que todo bien, eh?”. Mi mujer, por temas de trabajo, no ha podido acompañarme esta vez.
 

He visto a Isma, me señala la posición donde se incorparará. ¿Todo bien?, pregunta. Sí, todo bien, pulgar hacia arriba.

Llego al estadio de Anoeta y nos hacen pasar por dentro también a los de la maratón. Observo con envidia como los de “la media” enfilan a recta de meta mientras a nosotros nos sacan por otra puerta…ufff, pues no me queda “ná” aún…

Llego al 22 y veo que Isma echa a correr por delante.

¿Cómo vas? ¿Un pelín más lento de lo previsto, no?, pregunta.

Espera que compruebo, marco el parcial 22 en el crono en 1h46:31. Sí, voy palmando 40 segundos, le respondo.

Bueno, eso da igual ahora, replica. ¿A cuánto nos ponemos?

4:50, le digo.

Pues venga, déjate de pulseritas y cronos y sígueme. Le hago caso y me pongo detrás de él.

¿Pulsaciones? Bien, sorprendente al paso por mitad de carrera se han ajustado a la baja y ahora voy en las 150-155ppm previstas.

Me relaja mucho mentalmente olvidarme de tiempos y pulseras y simplemente tratar de seguir a Isma. Cuando pasamos el kilómetro 25 le digo que me adentro en territorio desconocido, nunca antes he corrido “de seguido”, sin parar y siempre “a ritmo”, tal distancia.

Sonríe y me dice que no piense en eso ahora. Vas bien, me dice, venga seguimos.

Kilómetro 26 en 2h06:20. 1h20segs ya por detrás de mis pulseras. Isma me abronca, ¡que te dejes de pulseras!

Venga, vale.

He llegado ya al "mítico y atemorizante" kilómetro 30. Justo entonces paso también por el avituallamiento donde Carmen, compi del AtléticoSS, me reconoce y también salta y anima como una loca “AÚPA DAAAANIIII, AÚPA DAAAANIIII”.

¿Quién era?, pregunta Isma. Carmen, ¿no la has reconocido?.Ah, pues no.

30 kilómetros ya, 2h26 justas. Respiro profundamente. En teoría comienza la zona del MURO, esos 5 kilómetros  fatídicos que van desde el 30 hasta el 35 y donde se supone que el tío del mazo está esperando para arrearte detrás de cualquier esquina.

Isma se percata. Va Dani, nos queda una carrerita de 12 kilómetros. Vas de puta madre, ¿cuándo te parece que apretemos?, pregunta sonriendo con malicia.

Vamos a pasar el 35 y ahí te digo como voy, ¿vale? La verdad es que voy de lujo, la pierna derecha quizá ya algo cargada.

Es normal, no te preocupes, replica el bueno de Isma. Venga, si llegas bien al 37-38 le damos a tope hasta el final ¿eh? Vas muy bien. Ahora lo importante es vigilar la técnica de carrera, braceo de hombros, entrada de pie, etc. El cuerpo ya va cansado y descuidamos la postura. Cuenta las zancadas por minuto, en teoría deberías llevar la misma cadencia que en bici.

Estoy yo como para ponerme a contar zancadas, Isma, no me jodas.
 

Volvemos a pasar por el paseo de la Concha e Isma me avisa, venga esto ahora pica ligeramente hacia arriba todo el rato hasta que giremos en Universidades en el 35, es normal que el ritmo decaiga ¿eh? No te preocupes por eso ya.

Cada kilómetro ya cuesta, pero sigo encontrándome suficientemente bien. Ya quisiera correr yo los 21K de un medio IM como estoy afrontando los últimos 12 kilómetros de esta maratón, por ejemplo. El ritmo por kilómetro empieza ya a irse un poco por encima de 5min.

En el 34 Isma me dice que me tome un gel. Le digo que no, que llevo el estómago algo revuelto. Pues nada, mejor no te lo tomes.

Paso por el kilómetro 35 en 2h50:45. Ya llevas 10 kilómetros “en lo desconocido”, apunta maliciosamente Isma. Pues sí, y ni rastro de muro ni tíos del mazo.

Aquí me vengo arriba. Le digo a Isma de apretar, pero me dice que espere a pasar la mini-cuesta del túnel de la Concha, que va a escocer.

Parece adivino el tío, llevo 37 kilómetros ya, 3h01:13, y cuando decido que voy a desatar a los caballos y darlo todo,  sobreviene “la tragedia”.

En mitad del túnel un calambre/cornada mortal se ceba sobre mi pierna derecha en la zona isquiotibial. “Zasca” y no puedo dar un paso. Lanzo un alarido, me echo la mano sobre la pierna, paro y trato de estirar.

Estiro, estiro, estiro, y miro nervioso el crono.

Olvídate Dani, venga. ¿Puedes seguir? Me dice Isma, tómate el gel ahora. Trago el gel y trato de volver a correr con torpeza. Paso por el kilómetro 38 en 3h06:40, calculo mentalmente con rapidez y veo que el 3:30 lo voy a tener chungo en estas condiciones. Justo entonces nos pasa la liebre de las 3h30 seguida de un numeroso grupo de corredores.

¿Intentamos seguirles? Pregunta Isma.

Trato de subir el ritmo y al momento niego con la cabeza. Imposible. Mierda.

Es el único momento de decepción que me voy a conceder en toda la carrera. Miro a Isma por última vez con cara de pena, se da cuenta y me dice otra vez:

OLVÍDATE DANI. Venga queda lo mejor, en cuanto giremos en la calle de Easo te espera un pasillo de gente hasta la meta. Ahora es el momento de disfrutar.

Sacudo la cabeza y me digo que tiene razón. Al girar en Easo efectivamente el griterío es ensordecedor. Inevitablemente el público te lleva en volandas y subo el ritmo, y al instante la pierna derecha me dice que de qué voy. Nueva parada a estirar, este tramo pica hacia arriba hasta falta de 1 kilómetro para meta.

Paso por el 40. ¡Cuarenta kilómetros ya! Qué carrerón me he marcado, madre mía. Último tramo de subida y leve bajada hasta llegar al estadio de Anoeta.

Último kilómetro ya, paso de nuevo por casa de mis suegros.

Isma me avisa que no va a entrar en el estadio (va sin dorsal). Chocamos la mano y le doy infinitas gracias.

Sonríe y disfruta, Dani. Sonríe y disfruta, avisa Isma por última vez.

En cuanto me quedo solo rompo a llorar. Giro a derechas a la altura de la parada del “Topo” y el pasillo de gente se estrecha, vamos de uno en uno mientras la gente aplaude y anima. No puedo parar de llorar, devuelvo los aplausos y luego levanto y cierro el puño en señal de victoria.
 
Justo cuando entro en el estadio se cumplen las 3h30. Me la pela.

Me quedan 300m y ni siquiera me voy a preocupar de apretar para bajar de 3h31, posiblemente tampoco podría.

Da rabia porque sin el maldito calambre estoy segurísimo de que los últimos 4 kilómetros hubieran sido salvajes, iba muy, muy fuerte aún. Retrasar ese último gel, con las sales, potasio y magnesio que contiene, posiblemente tuvo su consecuencia, pero preferí asegurar el estómago esta vez. Nada que reprocharme.

Últimos 100m y veo a Luismi, Iker y Alfredo entre el público en la recta de meta, les señalo y cierro el puño con rabia. Lloro sin parar.


3 horas, 31 minutos y 12 segundos después de haber iniciado este increíble reto cruzo la meta.

¡LA LECHE!

Espero ansioso que me den mi medalla, ¡qué bonita es!



Ya era hora, coño, ya era hora. ¡Qué falta me hacía un resultado así!

Ha sido un año duro, mucha frustración y rabia contenida. Mucho cachondeo entre mis amigos-rivales. Lo doy todo por bien empleado. No siempre se gana, lo dicen hasta los azucarillos.
 

“A veces se gana, y a veces SE APRENDE”.

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