sábado, 20 de mayo de 2017

CAMPEONATO DE ESPAÑA DE MEDIA DISTANCIA: HALF TRIATHLON PAMPLONA


Venga, vamos a recuperar este abandonado blog mío, más de 6 meses sin publicar nada, ya me vale la vaguería…

Ya estamos en mayo, con la temporada de triatlón en plena ebullición, y Fonseca parece que no había hecho nada hasta ahora, pero nada más lejos de la realidad.

Echando la vista atrás este año ya me he metido para el cuerpo todo un durísimo (otra vez) Campeonato de España de duatlón Media Distancia en Orihuela, del que espero sacar tiempo para completar unas pocas líneas y compartir cómo me fue. También consumé el cada vez más habitual fracaso + retirada de cada campaña, esta vez en el half de Peñíscola, del que también escribiré algo, sin echarle mucha pasión, eso sí.

Pero lo que toca es hablar del Half de Pamplona, elegido además este año como sede del Campeonato de España de triatlón Media Distancia.

Como dice Alberto, el “Presi” del triatlón Las Rozas, unos eligen competir en “bolos” poco concurridos para intentar rascar un buen resultado y/o podio, mientras otros nos apuntamos a todo aquello que sea “Campeonato de Algo”, donde acuden los mejores, aunque ello signifique que, en mi caso, me vea relegado a posiciones retrasadas en la clasificación. Me da igual, me emociona, me llena y me hace intentar ser mejor triatleta saber que estoy rodeado de auténticos fieras del triatlón. Ahora mismo prefiero ser cola de león a cabeza de ratón…

Hablando del triatlón Las Rozas es preciso comentar que este año es “mi otro club”. Me explico: A final de la temporada pasada decidí que estaba harto de entrenar solo. Es cierto que entrenar larga distancia implica mucho entreno en solitario, pero todo, todo, todo…pues no, ya me había cansado. El caso es que quedé bastante contento con el “método Maribel” con el que me preparé el Ironman de Lanzarote. Maribel Blanco es la Directora Técnica del Club Triatlón Las Rozas, donde además hice un buen grupo de amigos entrenando dicho Ironman de Lanzarote.

Por otro lado seguía sintiéndome “muy vasco” y muy integrado en el Atlético San Sebastián, con la única pega de que el club y mis compañeros se encuentran a 500 kms de distancia…

Así que este año decidí montarme un modelo “híbrido”. Me saco la licencia con el AtSS y entreno con la gente del CTLR (Las Rozas), porque al final soy de Madrid y vivo en Madrid. Bueno, en realidad vivo en la provincia de Toledo, trabajo en Madrid capital y Las Rozas está suficientemente lejos de ambos sitios, pero en fin, Donosti está aún más a tomar por saco. Nunca me han gustado las cosas fáciles, ya se sabe, por algo soy del Atleti.

 De modo que llamé a Alberto, el presidente del CTLR, después del verano pasado:

“Oye Alberto, majete, qué te parece si lo hago de esta manera este año y luego ya si eso…”

A lo que me respondió afirmamente “a mí mientras que pagues las correspondientes cuotas por los entrenamientos y no des mucha guerra…”

Así que en esas estamos, comencé esta temporada sabiendo que conviviría bajo un modelo raro, pero que me permitiría no ir dando tumbos por el mundo del triatlón buscando mi sitio. Pasados unos meses tengo ya meridianamente claro dónde quiero estar el año que viene, pero eso ya es otra historia, que dará incluso para un post sobre el particular.

Nos centramos ahora en el pasado sábado, 13 de mayo.  Half Triathlon de Pamplona/Iruña. Campeonato de España “ná” menos.

Bienvenidos de nuevo al Norte, temido territorio que ya sufrí en mis carnes hace 2 años (ver correspondiente crónica).

Ya comenté entonces que me había parecido una prueba PRECIOSA y SALVAJE a la vez, creo que nunca sufrí tanto hasta entonces en el triatlón, y después pocas citas me han dejado tan hecho polvo como aquel puente de San Isidro de 2015.

Me acompañan esta vez 4 compis del AtSS y hasta 13 ó 14 del CTLR. Todos los del Atlético (bueno, menos Isma) ya conocen la prueba, no así mis compis roceños. En los días previos ya les aviso que no es un triatlón fácil, aunque las previsiones climatológicas y, sobre todo, “eólicas” son bastante halagüeñas. Quizá nos vaya a hacer demasiado calor, mira tú por dónde.

También me acompaña mi fiel legión de “supporters”, Ruth, por supuesto, pero también Iker, Xilbi, además de Goico y Nieves, que ya estuvieron conmigo hace 2 años. Goico es pamplonica y cualquier excusa es buena para visitar su tierra.

El tema de los “supporters” es algo de lo quiero hablar antes de meterme en “harina” con la crónica.
Tengo que aprender a manejar mejor los preliminares de cualquier prueba. Me distraigo por cualquier cosa, estoy pendiente de dónde está Ruth, si Iker está disfrutando o de si Goico se encuentra a gusto, que se ha hecho 500 kms sólo para estar conmigo…

Al final me acaba pillando el toro, no estoy concentrado en lo que tengo que estar concentrado y la acabo cagando. Y la culpa no es suya. Es mía y sólo mía. El día de la prueba ES MI DÍA, y desde que amanece hasta que cruzo la línea de meta TENGO QUE SER EGOÍSTA, y pensar SÓLO EN MÍ, y en lo que quiero hacer y tengo que ejecutar a continuación.

Pues no, una vez más, la salida me pilló sin calentar, sin haber sido previsor, fuera de sitio y sin posibilidad de colocarme para nadar dónde quería, que era en posiciones delanteras. Y eso me pasa por intentar ser amable y querer estar con todo el mundo. Soy gilipollas, joder.

La salida era por sistema “rolling-start”, es decir que cada uno sale cuando quiere y tu tiempo lo marca el paso de tu chip por la correspondiente alfombrilla situada a la entrada del agua. Puedes salir el último si quieres y no eso no te penaliza, más allá de que tengas que adelantar luego a un montón de gente. Este sistema permite que la gente se coloque con nadadores de nivel similar, además de espaciar la salida, lo que en teoría disminuye las posibilidades de lucha y guerra cruenta en el agua.

Había señalización para colocarse en el grupo de 25-29 (minutos), 30-34, 35-39, etc…

El mío debía ser el 30-34, para qué nos vamos a engañar. Este año estoy nadando mucho, y además mejor, así que pretendía salir con los de 25-29, así lo hablé con Isma, tenía claro que no llegaría a mantener el ritmo todo el sector, pero intentaría exigirme al máximo.

Al final, mi ya diagnosticada enfermedad del TDAT (Trastorno del Déficit de Atención en el Triatlón), me llevó a perder el tiempo inútilmente saludando a éste o aquel, dando abrazos y besitos, buscando a Ruth con la mirada a ver si me veía salir…total que cuando me quise dar cuenta ya era imposible colocarme delante, no había calentado ni probado el agua y me tocaba situarme al final del grupo de 30-34…así que…¿en cuánto nadé? EXACTO, en 34. Vaya tela.

Vamos con los detalles:

AGUA

Pues resulta que para los que sufrimos de nuestros particulares “fantasmas en el agua”, el modelo de salida “rolling-start” es todo un acierto. He leído multitud de opiniones contrarias a ello, que si no fomenta la igualdad de oportunidades, que si eso no es competir, que si la abuela fuma…pues bueno, pues vale, yo pienso otra cosa, pero respeto dichas opiniones. A mí, desde luego, me favorece este sistema, porque elimina la ansiedad por “pelea de navajeros acuáticos”, que es lo que suelen ser las salidas masivas. Cuando me toquen estas últimas me tocará joderme, pero oye en esta ocasión, fenomenal, ¿eh?

Nada de golpes, bastó un leve calentón inicial para quitarme de encima a los pocos que me rodeaban y nadé bastante tranquilo hasta la 1ª boya, donde sí hubo un poco de lío, pero nada grave.

Decidí quitarme la sensación de frío (el agua estaba BASTANTE FRÍA) a base de manotazos en el agua, y mi obsesión era no desviarme, por lo que me centré en levantar la cabeza con más frecuencia de lo habitual, lo cual era fácil, dado que apenas lo pongo en práctica…(y así me ha lucido el pelo, claro).

Puede decirse que lo conseguí, mi Garmin marcaba 1970m al final de este primer sector (frente a los 1900m “oficiales”). Pues ni tan mal, cuando habitualmente se me va a 2100m ó 2200m en este tipo de pruebas.

Al revés que en otras ocasiones nadé lento, 1’44’’/100m, cuando debería haberlo hecho en 1’35”-37”, que es lo estoy capacitado para hacer según estoy entrenando y que además he conseguido mantener en otras ocasiones, en las que por contrario nadaba más metros. Total, que al final salió lo de siempre, los 34’ “pelaos” que ha sido mi marca en los últimos 2 años, y que debía haber mejorado suficientemente. A la próxima será…

Me tomo el rampón que da inicio a la T1 con calma, y según camino me voy deshaciendo del neopreno, sin pausa pero sin prisa.



Rápido cambio de enseres en la bolsa de transición, cojo lo de la bici, suelto lo del agua, y a por mi SpeciaLime verde, la cual localizo rápidamente. Sólo en este proceso transitivo gano 2 minutos respecto a 2015, donde no fui capaz de localizar mi bici a la primera y se me fue la vida buscándola, vaya tela.

BICI

Según empujo la bici hacia la línea de montaje veo a Alberto, el “Presi” del CTLR y le pego una voz, se gira y me reconoce, sonriendo. Estoy torpe y me intento subir a la bici antes de tiempo, los jueces me corrigen y en el "subi/baja" torpón Alberto se escapa.

Ya le pillaré, pienso.

Decido salir con calma e ir cogiendo ritmo poco a poco, además los primeros kilómetros incluyen una serie de bajadas fuertes y peligrosas, veo accidentes ya en las primeras curvas y mucho olor a carbono quemado por los frenos, y es que la gente sale a lo loco, sin conocimiento ninguno. Yo no asumo riesgos innecesarios a estas alturas del sector ciclista, ya tendré tiempo de apretar las bielas en los 85kms del precioso circuito a 1 vuelta que nos tienen preparado.

En el 5 me pasa Manu Pascual como una bala, nos saludamos, y en el 15 Enrique de Castro, del Enphorma, este ni se entera, va como un avión.

Yo voy cogiendo ritmo poco a poco, a Alberto le cazo en el 25, más o menos, justo cuando intento deshacerme de un vergonzoso grupo de 8-10 bicicletas que llevan KILÓMETROS y KILÓMETROS dándose relevos, todos juntitos. Una chica, dorsal 125, María Dolores no sé qué, “diablilla”, va cómodamente instalada en mitad de la manada, sin dar pedales. Otro, un tal Cifrián, tres cuartos de lo mismo, y así el resto de la grupeta vergonzante. Me pego un calentón de flipar para pasarles, y a los pocos kilómetros me devuelven la pasada, todos juntitos. De vergüenza, en fin, no les voy a dar más protagonismo, ellos sabrán. Luego vacilarán en redes sociales de su espectacular parcial en bicicleta, como si lo viera.

Este año el viento está respetando y eso se nota en la velocidad media que estoy logrando mantener, sobre todo cuando empieza la segunda mitad del recorrido que tanto me castigó hace 2 temporadas.

La subida a Mendigorría sin mayor novedad, sin calentarme demasiado las patas, luego hago lo propio con la de Artazu, está ya sí pica más. Aquí casualmente cazo a la amiga María Dolores, la “drafter”, se ve que sus amiguitos no la han esperado en las subidas.

Me ha encantado el recorrido, esta vez sí que lo he disfrutado, y creo haberme apretado las tuercas suficientemente, aunque al final la mente me esté pidiendo aflojar la marcha, que luego hay que correr en este infernal circuito de sanfermines por Pamplona.



De modo que, al igual que en la anterior ocasión, los 10-15 kilómetros finales se me “hacen bola” y estoy deseando soltar la bici. Quizá por eso aflojo la marcha y me dejo llevar, demasiado reservón en este último tramo, me temo.

Al final 2h44, casi 13 minutos menos que la anterior vez, encaja en lo que había previsto, pero hubiera podido exigirme un poco más en estas condiciones climáticas más que favorables. Bueno, lo hecho, hecho está.

Tanto reservo que al poco de llegar a la carpa de la T2 aparece el bueno de Alberto “el Presi”, joder, esto sí que no lo esperaba…pues nada, venga, salgamos juntitos a correr…

CARRERA

De entrada sé que la batalla con Alberto la tengo ya perdida, no duro ni 1 kilómetro a su lado, al poco nos despedimos con un “nos vamos viendo por el recorrido” (ya no le volví a ver el pelo).



Me dobla al poco Enrique de Castro, que esta vez sí me reconoce, nos damos ánimos y le veo alejarse rápidamente.

No llevo ritmo ninguno, intento ir suficientemente alegre, pero no me sale, no es un tema de falta de fuerzas, creo ir bien, pero las piernas no van sueltas, no sé, la sensación es un poco rara.

Doy caza a Asier “Bizka”, compi del Atlético, que lleva una “tostada” importante. Me saca una vuelta, pero dice haberse pasado en la bici y ahora lo está pagando. Jugamos al “te paso, me pasas” durante casi una vuelta.

En fin, que me dispongo a “padecer” 2 vueltas más por el durísimo circuito a pie, con esa terrible subida de la cuesta de Santo Domingo y esas bajadas salvajes que tampoco me vienen nada bien, yo soy un tío de ritmo constante. Y el calor, claro.

Por lo menos no me paro a caminar más que unos pasos en los avituallamientos. En uno de ellos me tomo un gel que me entra regular, justo cuando Matete, mi entrenadora este año, junto con Maribel, me dobla.

¿Todo bien, Fonseca?

Bien, bien (mentiroso), ¡¡tú dale Matete!!

A punto estoy de vomitar, pero consigo que mi amigo el gel se quede donde se tiene que quedar y vuelvo a correr, si lo a lo que hago se le puede llamar correr, claro.

Total que a ritmo cansino van pasando los kilómetros, doblo a David de Miguel, del Enphorma, otro con una “tostá” interesante, nos saludamos y me dispongo a afrontar los kilómetros finales. Al final incluso me va a tocar apretar si quiero bajar de las 5h15 que me había marcado como objetivo “realista”. Último calentón en la maldita subida final a Santo Domingo y sprint agónico por la calle Estafeta y el tramo de escaleras que dan entrada a la plaza del Castillo, casi me voy de morros, pero a trompicones evito la caída y sigo empujando los últimos 200m, donde oigo que me animan y me llaman por mi nombre, pero yo ya no veo “ná” y voy ciego hacia la meta…

Al final me sobran 20 segundos, señora. 5h14:37. Último parcial a pie 1h48, bastante chungo y claramente mejorable.




¿Contento? Pues te diría que sí. Que como dice Iñigo acabar un medio Ironman no es cualquier cosa y no hay que perder la perspectiva. 
Al final he hecho más o menos lo que quería hacer, aunque quizá mis exigencias eran algo conformistas. Tengo que ser más exigente, y aprender a NO DESCONECTAR, pero mira, lo doy todo por bien empleado, y saco lo positivo, incluso de temas a mejorar en el futuro.

-          He nadado con orientación, pese a que me ha faltado ritmo.

-          En bici total adaptación a la nueva posición aero (gracias Jaime MdL), ahora toca exprimirme y estar más concentrado.

-          Buena gestión mental de la carrera a pie, no mirando más allá de un 1 kilómetro, las sensaciones corriendo ya volverán, de eso estoy seguro. No rendirme cuando pintan bastos, esto me ha gustado, seguir luchando y ser paciente. Habrá que potenciarlo en el futuro.

-          Concéntrate Dani, concéntrate Dani, concéntrate COJONES.

Ahora toca apretar el culo mucho, mucho, pero mucho, mucho, en estas 5 semanas que vienen antes del siguiente reto, Half Northwest Triman en As Pontes, donde los objetivos que pienso marcarme son más que ambiciosos…y luego Ironman Copenhague, claro.

Seguiremos informando.


lunes, 28 de noviembre de 2016

MARATÓN DONOSTIA 2016: ZATOPEK TENÍA RAZÓN


Pongo fin a otra larguísima temporada repitiendo con la maratón de San Sebastián.

Cada vez me gusta más esta distancia, sobre la prueba y la localización poco tengo que añadir, sabiendo que es mi ciudad preferida del mundo mundial.

Sí, me flipa el triatlón, de eso tampoco cabe duda, pero yo empecé en esto corriendo, y de todas las distancias “populares” definitivamente me quedo con la maratón.

Los 5K-10K son terriblemente agónicos, la muerte para mi corazón diésel, aunque el 10K me mola bastante. Son pruebas muy cortas y pese a que quiero morir pasados los 5 minutos desde el inicio al final me acabo quedando con ganas de más…

Los 21K también he logrado disfrutarlos, y aunque correr hora y medio en puro anaeróbico puede llegar a ser muy duro…siempre acabo con la sensación de faltarme algo más de “chicha”. Será que no me aprieto lo suficiente, no digo que no.

Con la MARATÓN, no me falta nada, ni tampoco me sobra, porque la maratón tiene que ser así, larguísima y eterna, difícil de gestionar, agotadora y estresante a nivel mental, siempre en el alambre guardando el equilibrio entre ritmo y pulso durante, en mi caso, más de 3h. Todo un tobogán de sensaciones desde el “parece que voy parao, voy a apretar” al “voy como un toro, este año reviento el crono”, para desembocar en el clásico “madredediosbendito esta mierda cuándo se acaba”.

No sé si fue el amigo Juanma-Chiquichurri u otra persona el que se preguntaba si era más duro un Ironman o el maratón. Yo dije que el Ironman, pero ahora tengo mis dudas. Prueba a “cascarte” una maratón a “tu-puto-tope”, como yo este domingo, y luego me cuentas…

Hoy escribo este post cuando en realidad lo que quiero es morirme. Tengo unos dolores terribles en todo el cuerpo. Lo de las piernas era previsible, zona lumbar pues lo típico, pero no entiendo lo de los hombros o trapecios, increíble también las agujetas que tengo en los brazos, la muerte.

Y qué me dices de la sonrisa tonta que tengo dibujada en la cara, ¿eh? Esa sonrisa compensa con creces TONELADAS de agujetas y dolores articulares varios.

Estas últimas semanas he leído en varios sitios una mítica reseña de Emil Zatopek, “la locomotora humana”. El amigo Emil decía que:

“Si quieres correr rápido corre una milla, si quieres que te cambie la vida corre un maratón”.



Parece exagerado, ¿verdad?

No lo es.

El maratón pone a prueba tu resistencia física y mental como ninguna otra cosa en el mundo. Al menos ninguna otra cosa que decidas hacer de forma VOLUNTARIA, es una tortura legal por el módico precio de 50-60 euros. Te puede reventar física y mentalmente, pero como consigas superarlo...¡ay, amigo!

Pues bien, mi tortura ayer fue de lo más gratificante. No salió perfecto, pocas veces sucede, sobre todo en pruebas de esta duración, pero se le acercó bastante. Para el tiempo dedicado a preparar “específicamente” la prueba, que fue poco, y los pequeños problemillas de las últimas semanas (caída de moto a 2 semanas vista), no le puedo pedir más, no me puedo pedir más.

Como siempre el objetivo era ambicioso, bajar de 3h20, aunque poco realista, pocos kilómetros acumulados teniendo en cuenta mi historial con las lesiones, a lo que sumamos el infortunio de la caída de moto anteriormente comentada.

En fin, parece que ya me estoy excusando y nada más lejos de la realidad. Como comenté un par de días antes de la carrera con Carlos Pedrosa, mi preparador para esta maratón, estaba como estaba y llegaba a la carrera como llegaba, y daría todo lo que tuviera dentro para sacar el mejor resultado posible en esas circunstancias. En realidad es bastante estúpido, pese a que lo hacemos todos, el aventurar una marca específica en cualquier carrera. No hay 2 carreras iguales, ni siquiera en la misma prueba, está la climatología, tu estado de forma, la alimentación e hidratación previa…muchas variables que determinarán el resultado final. Tu obligación es intentar tener bajo control la mayoría de ellas, pero aun así el resultado es imprevisible. Y en una maratón, MÁS.

El caso es que yo salí a por el 3h20, tenía un plan y lo fui ejecutando sin desviarme del guión buena parte de la prueba, y cuando el guión se fue desviando de lo establecido…pues simplemente me adapté, sin volverme loco ni desanimarme.

La primera media maratón fue, yo diría, extremadamente sencilla. Seguía los consejos de Carlos, correr siempre en mi rango de pulsaciones, y además me grabé a fuego el método de Don Fink, el famoso “16-16-10”. Los 16 primeros kilómetros de RELAJACIÓN, no emocionarse ni subir el ritmo previsto aunque tus sensaciones inviten a ello.


Después vienen otros 16 kilómetros de CONCENTRACIÓN, ya no irás tan cómodo y has de intentar seguir clavando los parciales.



 Finalmente te quedarán los últimos 10 kilómetros de COMPETICIÓN, si aún tienes algo dentro es momento de sacarlo, y si no hay más te tocará luchar contra tus piernas y tu cerebro para mantener el tipo como sea.

Las dos primeras partes las ejecuté a la perfección, clavando los parciales previsto en 10K y 21K, comenzaba la 2ª vuelta y me veía mejor que bien.




El año pasado ya en el km 22 noté un bajón de ritmo, pero esta vez seguí cuasi-clavando los parciales hasta el 30, como un reloj. Un breve despiste con el 3er gel, que retrasé hasta el 26 en lugar del 24 posiblemente me hizo perder algo de fuelle en este tramo medio. El objetivo 3h20 se esfumaba y pasábamos al siguiente, 3h25.

Entre el 30 y el 35 sigo luchando por no perder mucho ritmo, trago el último gel (ni un problema de estómago, ¿habré encontrado por fin la marca adecuada de geles?)  y me dispongo a sufrir para el tramo final.

Km.32, túnel del Pico del Loro que separa la Concha y Ondarreta, entramos en la fase de COMPETICIÓN. He pasado de ir a 4:45 como un reloj a sufrir para aguantar por debajo de 5:00, hago cálculos rápidamente y en 10 kilómetros que faltan eso supone 2 minutos y medio, sigo en tiempo de sobra para 3h25.

Lo que no contaba es con pegarme “con una pared” en el 36. Todo el mundo habla del famoso MURO psicológico de la maratón, que suele situarse entre el 30 y el 35. A mí me llegó un poco después.

En el 36 inexplicamente “dejo de ir” y paso a unos peligrosos 5:20s/km. El corazón y la cabeza quieren pero las piernas dicen “de que no”. Vuelvo a achacarlo a haber retrasado el gel anterior y trago saliva para pasar el mal rato. Las piernas duelen una barbaridad de repente, el tío del mazo estaba ahí “agazapao” y me ha soltado un sartenazo del que veremos si me recupero…

La vuelta por la avenida de Zumalacárregui se me hace eterna y para colmo empiezan los amagos de calambres casi en el mismo punto del año anterior.

Mierda puta, se me acelera el corazón y aparece el sudor frío, hiperventilo un poco pero no dejo de correr, aflojo a propósito en la subida del túnel, lo salvo sin calambres y me digo que desde ahí son 4 kilómetros “cuesta abajo” (mentira cochina, obvio).

Dice Carlos que ese bajón posiblemente me vino por la falta de kilómetros, pues qué le vamos a hacer, lo importante es que seguí luchando y no me vine abajo. El empuje de la gente, con muchos compis de equipo también animándome, da alas y sacas fuerzas de donde no hay. Ya se sabe que soy un poco “lloriqui” y me cuesta horrores no emocionarme. Enfilo calle Easo y poco más de dos kilómetros para meta. Toca chocar las manos de los niños y agradecer el apoyo del público devolviéndoles los aplausos.

No paro de repetirme “Vamos Dani, vamos Dani, no pienses, corre, corre, corre y solamente corre”. Dolor de piernas rozando ya lo insoportable, las rodillas ya a duras penas sujetan “lo de arriba”.

Paso del reloj, ya lo miraré entrando al estadio.

Choco manos con Xabi, del AtSS, que me jalea al girar en dirección a Anoeta, soy un tío feliz, me estoy marcando un carrerón.

Dando la vuelta exterior al estadio por fin miro el crono, justo marca 3h25.

Vaya por Dios…

¿Decepción?

EN ABSOLUTO.

Sigo apretando todo lo que puedo, en la vuelta a la pista de atletismo aun doy cuenta de un buen puñado de marathoners, sin que me adelante nadie a su vez.

Ruth y mi suegro me esperan en línea de meta, sonrío y cierro el puño. ¡VAAAAAAAMOSSSSS!




CARRERÓN.


3:27:14, a 4:55/km, rascándole 4 minutos, esto es 5segs/km, a la marca del año pasado. No está nada mal para un trailer de 90 kilitos…




CONCLUSIÓN: Esta ha sido, posiblemente, mi mejor carrera hasta la fecha. La Behobia 2013 fue excelente, dije entonces que había hecho la “carrera perfecta”. Aun hoy sigo pensando que fue así. Aquella fue mi carrera perfecta, pero la de ayer fue MI MEJOR CARRERA:

-          Porque lo di todo, absolutamente.

-          Porque la ejecuté sin ayuda, sin liebres.

-          Porque con los problemillas previos la cosa no pintaba bien del todo, lo razonable hubiera sido incluso no correr.

Por todo ello, me vais a permitir que siga con mi sonrisilla una semanita más, incluso dos.

Cierro “el chiringuito” hasta el año que viene, por cierto. Toca descansar y coger fuerzas para un 2.017 que…tiene muy buena pinta.

lunes, 21 de noviembre de 2016

ME MOLA LA BEHOBIA


Nueva participación en la Behobia-San Sebastián, sin fallo desde 2.010, si bien es cierto que en 2.014 no pude correr por lesión, aunque sí estuve allí, me acerqué hasta la salida con mis amigos y resto de corredores y luego fui siguiendo la carrera en “el Topo” (EuskoTren, aunque ahora lo llaman simplemente Metro). Yo me quedo con “El Topo” de toda la vida, señora.


6ta vez que afrontaba los 20km entonces, y la misma ilusión del primer día. La Behobia me recuerda cada año lo que soy, un simple corredor popular, un “runer” (pronúnciese como suena), que diría Txema Azcárate. Mis aires de grandeza Ironman, si es que alguna vez los tuve, me los dejo en casa cuando corro la Behobia. Ya no me “hago caca” desde el día anterior, cuando recojo el dorsal en la Feria, he conseguido domar los nervios suficientemente como para afrontar con relativa tranquilidad los momentos previos, aunque algo dentro de mí se activa mientras esperamos al “Topo” en el andén de la estación de Anoeta.




A partir de ahí ya mi pulso se acelera irremediablemente, una vez dentro del vagón ya empieza la Behobia. Atestado de corredores, todos vistiendo la típica mezcla de colores chillones difícilmente combinables, el olor a Reflex, Radiosalil, linimento o lo que sea, algún sobaco “recalentao” ya de buena mañana…en fin, la Behobia…

Como cada año, nuevos amigos se estrenan en la prueba, y mi máxima obsesión es que la disfruten tanto como yo. Ya lo dije en mi crónica de la edición 2.013, cuando bajé de 1h30. Desde el punto de vista deportivo poco me queda ya por alcanzar en esta prueba. Sé que estoy cerca ya de límite, a lo mejor en algún año tonto me da por bajar de 1h25, a 1h20 no voy a llegar ni de coña, así que lo que quiero es disfrutar de la carrera. Y mi forma de disfrutarla es “invitar” a otros a que la corran, soy el tío más coñazo del mundo con la puñetera Behobia, lo sé, y me da igual. Yo lo que quiero es convencer a alguien y que una vez acabada la prueba me diga:

“La carrera es LA LECHE, Dani. Tenías razón”.

Y ya, con eso soy el tío más feliz del mundo.

Este año Pablo cayó en la trampa, así como David de Miguel, del Enphorma. También acudían otros amiguetes, como Javi Aparicio o Jesús Berruguete, aunque yo no había “gestionado su participación”. Pues bien, mi máxima obsesión es que la disfruten, que me digan que les ha encantado, si han hecho o no la marca que esperaban es algo accesorio. La Behobia no es una carrera para grandes registros, la Behobia hay que DISFRUTARLA.

No voy a hacer la enésima crónica de la carrera, estará el lector cansado ya de los padecimientos en Gaintxurizketa, las bajadas sin control hacia Rentería, el maldito Mirakruz y la increíble recta del Kursaal. Con escasas variaciones es siempre lo mismo.

Me centraré en el anecdotario.

Esta vez llovió, pero llovió poquito, y sólo el viento hizo un poco molesta la segunda mitad de la carrera.

Pablo decidió que retrasaba su salida y hacíamos, Dios mediante, la carrera juntos, salvo imprevistos de fuerza mayor. Y así lo hicimos, juntitos uno al lado del otro los 20 kilómetros. Lo mejor era escuchar los comentarios de Pablo, “Tío, está lloviendo y la gente del público sin paragüas…”.

Esto no es lluvia para los estándares locales, Pablo.

El público como siempre atento al dorsal para llamarte por tu nombre:

“Aúpa Pablo, txapeldun, aúpa Dani”

“Venga, venga, con tranquilidad, al txipi-txapa”. Ahí Pablo no pudo aguantar la carcajada, acababa de escuchar la versión vasca del clásico “al pim-pam” madrileño.

“Jajajaja, al txipi-txapa, al txipi-txapa, vamos Dani al txipi-txapa”.

Y así, al txipi-txapa ya estábamos encarando la recta del Kursaal cuando una venerable señora cruzó la calle y arrolló al bueno de Pablo, arrancándole el dorsal (hecho éste que descubriríamos una vez traspasada la línea de meta). Atrás quedaban 19 kilómetros de un quiero-y-no-puedo por ambas partes. Hubiéramos querido bajar de 1h30, incluso con margen, pero ya en el kilómetro 7 la liebre con el cartelito de dicha marca nos adelantaba y no pudimos seguirle, unas veces daba Pablo señales de debilidad, otras veces era yo, y el uno por el otro la casa sin barrer…aunque anduvimos cerca de lograrlo.

Un último arreón que cortó la venerable señora nos dejó a las puertas del 1h30, pero con nuestro 1:31:06 final quedamos igualmente satisfechos.


¿Qué tal Pablo, te ha gustado la Behobia?

Guapísima.

Pues ya está, no quería escuchar otra cosa.

David de Miguel, que hizo toda la carrera con mis queridos Iker y Luismi, habiéndose conocido 10 minutos de la salida, opinó lo mismo.

Y Javi, y Jesús, y seguro que muchos, muchos otros debutantes. Y es que la Behobia es la leche, harto estoy ya de decirlo.

Clásica comilona para “desentrenar lo entrenado” y comentar una y mil anécdotas de la carrera. Y la promesa de acudir en 2.017.

No sé cómo lo hago, pero siempre me digo que ésta va a ser mi última edición de la Behobia, Iker dice lo mismo, y al final en abril del año que viene acabaremos inscritos, ya te lo digo yo.


Me mola la Behobia, señora. Me mola mucho.

martes, 1 de noviembre de 2016

TRI-CERRAMOS: Dx2 OLÍMPICO SIN DRAFTING MAZAGÓN-PALOS

Para completar el repóker de distancias esta temporada me faltaba hacer un triatlón olímpico, así que nos fuimos Txemita y yo a su Huelva del alma para competir en el Dx2 Mazagón-Palos, último triatlón que se disputa en la Península Ibérica, en la modalidad de Olímpico SIN DRAFTING, otro aliciente dado que podía estrenar mi SpeciaLime en competición.



De este modo este año he competido en Sprint (Zumaia), Olímpico (Mazagón), Doble Olímpico (Zarautz), Half (Elche-Arenales) e Ironman (Lanzarote + fiasco en Vitoria). A esta lista hay que sumar el Campeonato de España de Duatlón LD de Orihuela.

Dejo para el clásico "post-resumen-del-año" las conclusiones, pero ya anticipo al lector que, sin duda, esta ha sido mi MEJOR TEMPORADA. Pase lo que pase en la maratón de Donosti he de estar muy contento con el trabajo realizado durante el año y su reflejo en competición.

Vamos con Mazagón, venga.

Ya conté en la crónica de Zumaia que estos triatlones post-veraniegos me pillaban ya "fuera de juego", sin apenas nadar, cogiendo la bici lo justo y muy centrado en la carrera a pie preparando la maratón. Pero bueno, me apetecía "sacar de paseo" mi nueva y flamante Specialized Shiv y un triatlón en distancia olímpica SIN DRAFTING era justo lo que necesitaba, suficientemente exigente como para justificar un viaje de 700kms pero sin significar la "paliza" de un medio Ironman.

La estrategia era sencilla, salir a muerte nadando, pese a los escasísimos metros acumulados en los últimos meses, intentar no perder de vista a Txema cuando me adelantara en la bici y "reventar" finalmente corriendo. Como casi siempre, la estrategia se fue a tomar por saco a las primeras de cambio...

AGUA


Bocinazo que me pilla bien colocado en 2a fila y ya estamos corriendo por la playa. Salgo como he dicho, a morir, hasta la 1a boya estoy en el grupito de cabeza, y así sigo en el 2do giro, cuando enfilamos ya hacia la playa para la 2da vuelta. Los brazos me pican tela marinera, si sigo así posiblemente lo voy a pagar, pero me da igual, venga Dani a muerte. Cuando faltan unos 200 metros para finalizar esta 1a vuelta sobreviene el desastre, le doy un manotazo a la sujeción de una boya que NO DEBERÍA ESTAR ALLÍ y me hago una buena brecha en el índice de la mano izquierda. Al principio no siento nada y sigo, pero pronto me empieza a molestar y al incorporarme veo que estoy sangrando bastante.

Al volver a tirar al agua ya veo que esta 2da vuelta va a ser un suplicio, llevo la mano como adormecida, no siento el agua y noto como la piel me tira en cada brazada, además del escozor. Me pasan competidores por todos lados, me empiezo a desviar ya que voy nadando prácticamente sólo con mi brazo derecho, me entra el agobio y mi respiración se acelera...venga Dani, sal del puñetero agua como sea...


30 minutos de mierda para este sector, menudo desastre.

Sangrando como un cerdo enfilo la larguísima transición y mi peor temor se confirma, la bici de Txema ya no está...

En fin, es lo que hay, un juez me pregunta si estoy bien, mientras pongo todo perdido de sangre, la bici, el casco, las zapatillas, el traje, mis piernas...¿usted que cree, jefe?


BICI

Voy enrabietado, pero en los primeros metros me concentro en bajar las pulsaciones. Cuando lo logro además descubro que la sangre alrededor del "muñón" del dedo comienza a coagularse, SOBREVIVIRÉ, pienso, así que venga, a dar pedales a saco, Dani.

Me esperaba un recorrido llano, según anticipó (erróneamente) Txemita, pero que va, es "repechero" y con viento lateral bastante molesto.

Es igual para todos, Dani. Vamos, sigue.

Saliendo tan atrás del agua me encuentro con mucho tráfico en forma de competidores, pero voy ganando posiciones rápidamente y eso me anima. Las piernas me pican tela, no llevo vatios, se me acabó la pila del potenciómetro hace poco y por "huevón" no la he cambiado, pero vamos, ya te digo yo que estoy moviendo un buen desarrollo, y el corazón lo llevo en la garganta, algo que en bici rara vez me sucede.


Me cruzo con Txema, va de los 20 primeros, el maricón.

Sigo a lo mío, en el giro de 180 grados me digo que ahora pica eminentemente para abajo hasta la T2, dale Dani, dale.

Termino con unos muy respetables 33kmh de media en los (algo menos de) 40 kilómetros del recorrido, llano por los cojones Txema querido. Me lo he pasado bien en bici, y mi nueva cabra vueeeeeeela, estoy muy contento, con la bici y con mis piernas, pese al escaso entreno.

Aparco la SpeciaLime, que ahora es color lima y rojo sangre, y pierdo 30 segundos en ponerme calcetines, hace calor, 25 grados, son 12 kilómetros a pie... paso de ampollas.

Me pregunto el porqué de los 12 kilómetros en lugar de los reglamentarios 10, pero pronto lo descubriré...

CARRERA A PIE

Salgo algo tieso, pero siento que mis piernas son mías, algo que no siempre sucede en triatlón, así que las sensaciones son suficientemente buenas.

Normalmente suelo salir demasiado rápido y lo acabo pagando, de modo que esta vez me digo que mejor vamos de menos a más. Me pongo en "ritmo maratón", 150-155ppm, unos 4:50min/km, me noto cómodo así y estoy pasando a bastante gente, pues hala venga, así seguimos esta 1a vuelta (de dos). Pasado el km 3 aparece un cuestón infernal de unos 300-400 metros y desnivel 10-15%...vayapordios, así que este es el componente "extra", no podían haber puesto el giro antes de la cuestecita...¿eh?

La cuesta me deja frito y dispara las pulsaciones, el kilómetro 4 se me va a 5:00min/km y tardo el recuperar el ritmo y la calma.

El calor aprieta, afortunadamente las botellas de agua del avituallamiento están muy frías y voy "duchándome" en cada paso por la zona.

Ataco la segunda vuelta con la día de ir subiendo el ritmo paulatinamente, la gente ya va cadáver y yo me encuentro cada vez mejor.



Nuevo paso por la cuesta y tengo la tentación de echar a andar, pero me digo que no, que ni de coña.

4 kilómetros finales (son casi 12) y empiezo a ir frito, hasta que me pasa "RAFA O.", y me dice "venga, venga, grandullón, que no decaiga, venga, vamos, hasta el final".

Me pego a su culo y vamos recogiendo más cadáveres hasta la meta, cada vez un poquito más rápido,  4:40, 4:30, 4:20, 4:10...

En recta de meta le dejo su espacio, no le ataco, por supuesto, me ha salvado la vida en los kilómetros finales. Entro en meta en 2h40:33.

Nos saludamos, ambos con una sonrisa enorme en la cara, gracias Rafa, majete.

"Buah chaval" qué bien me lo he pasado, lo del dedito se queda en mera anécdota, lástima de natación, pero buena bici y mejor carrera. En la clasificación final, pese al desastre en el agua, he quedado en la primera mitad, también en los parciales de bici y carrera, algo que hasta la fecha me costaba conseguir. Estoy muy contento.


Ahora vamos a buscar a Txemita, lo mismo ha pillado podio (Sip!), y vamos a darnos un buen homenaje antes de enfilar para Madrid.

No podía mejor broche a una GRANDÍSIMA temporada de triatlón. Me ha gustado mucho esta distancia, manda narices que este triatlón de Huelva haya sido únicamente mi segundo olímpico, desde el Villa de Madrid en la Casa de Campo en 2013. Habrá que repetir, ya he comentado que es lo suficientemente exigente como para darte un buen calentón, ya que la distancia sprint te deja normalmente "con las ganas", pero sin acabar hecho polvo para una semana, que es lo que normalmente sucede tras un half, del Ironman ya ni hablamos, ése te deja frito un mes.

Este año SÍ he disfrutado del triatlón, con sus altibajos, sí, pero ha sido un gran año. Lo mejor es que el año que viene pinta superior, y eso me pone, señora.

martes, 18 de octubre de 2016

CITIUS, GORDIUS, FORTIUS

No, no me he equivocado.

Todo el mundo, incluso este pobre ignorante, conoce la famosa cita, clásico “latinajo” lema de Juegos Olímpicos…CITIUS, ALTIUS, FORTIUS (Más rápido, más alto, más fuerte).

En mi caso aplica mejor esta nueva versión, sustituyendo ALTIUS por “GORDIUS”:
MÁS RÁPIDO, MÁS GORDO, MÁS FUERTE (Y que me perdonen los expertos en latín por la licencia con el “GORDIUS”).

Aunque el orden correcto sería entonces, GORDIUS, CITIUS, FORTIUS.

Y así me encuentro, señora.

Desde Lanzarote, en mayo, he engordado entre 6 y 7 kilos, desde los 83 de entonces hasta los 89-90 de ahora. Y sí, manda cojones, resulta que últimamente resulta que soy eso, MÁS GORDO, efectivamente, pero también MÁS RÁPIDO y MÁS FUERTE.

Para muestra mis dos últimas competiciones:

03/09/2016 TRIATLÓN DE ZUMAIA (CAMPEONATO GUIPÚZCOA TRIATLÓN SPRINT).

Un clásico en mi calendario, 4ta vez consecutiva que lo afrontaba, aunque momentos antes dudaba incluso si tomar la salida, invadido por la pereza y esa sensación de estar “increíblemente gordo y fuera de forma”.

Pero ya que estábamos allí…




Le digo a Iker que voy a salir a muerte en el agua, y que me voy a poner en 1ª fila (bueno, 2ª tampoco está mal). Si me sale bien tiro para adelante, en otro caso le espero en la T1 y hacemos el resto juntos.




Natación sin neopreno, lo dicho, salgo a morir y que sea lo que Dios quiera. Apenas recibo golpes, como casi siempre que consigo salir delante, me noto muy fluido nadando, pese a no haber hecho “ni el huevo” desde Ironman Vitoria, apenas 4 entrenamientos (2 en piscina, 2 en aguas abiertas).

En menos de 13 minutos estoy fuera, mi mejor natación aquí pese a ir sin neopreno, me encuentro con Emilio, compi del AtléticoSS, peleándonos en las escaleras, y me digo “joder, qué de PM…”.



Estoy torpe en la T1 y Emilio se me escapa, mierda, pero no me rindo y trato de enganchar grupo como sea. Esta vez no me van a soltar…



Y no, no me soltaron, conseguí aguantar rueda de un mega-grupo y así aguanté hasta casi el final de la bici, únicamente en la subida final supe que no iba a poder mantenerme y no me agobié demasiado. Eukeni, el marido de Carmen (excompi del AtSS, traidora), me pilla ya en la T2 al grito de AÚPA DANI, QUÉ PASA.

Espabilo en la T2 y hago una transición bastante rápida, si no la cago corriendo puedo bajar de 1h10, lo que sería la REPERA, señora.

No miro el reloj y solo corro y corro, la 1ª vuelta bien, con un leve bajón por pensar “uff, aún queda OTRA VUELTA IGUAL (¡¡¡ERRORRRRRRRR!!)”.

Me voy cruzando con la gente y escucho gritar mi nombre entre el público, pero apenas tengo fuerzas para levantar levemente la cabeza en plan rápido…“Hey! Apa!”.

En el giro de mitad de 2ª vuelta veo a Eukeni, va por detrás pero no le saco mucho, grito internamente JOOOODEEEERRR DANI DAAAAALEEEEEE y esprinto desde ahí a meta, más de un kilómetro de pura agonía.



1h08:15, mejor tiempo (de largo) en el tri de Zumaia y en distancia sprint.

Mejor parcial de natación, mejor parcial en bici, mejor parcial corriendo.

¡Increíble GORDITO MÍO! ¡Oso ondo, txapeldun!

16/10/2016 XXX MEDIA MARATÓN DE TALAVERA

Me vengo arriba y decido rematar la temporada repitiendo participación en la maratón de Donosti, previo paso por mi cita clásica con la Behobia y un tri Olímpico SIN DRAFTING al que me ha liado Txemita en Huelva.

Antes de todo eso tenemos el 1er test pre-maratón en la media maratón de Talavera de la Reina, que tan buen sabor de boca me dejó el año pasado.

Recorrido llano, llano, muy rápido, aunque con mucho giro de 180 grados tocapelotas.

Este año decido hacer 100% caso a Carlos Pedrosa, eminencia sagreña en materia de atletismo y maratón, y sigo a rajatabla sus directrices.

Nos plantamos ese domingo en Talavera el citado Carlos, Jesús “Chule”, Jose “el Zapatero”, Javi Pardo y una servidora, cada uno con objetivos bien distintos.



Le digo a Pardo, medio en broma-serio, que podía dejarse de leches y hacerme de liebre…afortunadamente acabó haciéndolo…

Salgo fuerte, intentando seguir a Medina y Pablo, trisagreños, pero en el km 3 veo que voy un pelín alto y decido ceñirme al plan, no pasar de 165ppm.

En el km 6 Javi Pardo decide esperarme y hacerme de liebre (¡Gracias Javi!), me pregunta por el ritmo objetivo:

4:20min/km, Javi.

“Vale”.

Vamos clavando los parciales hasta bien entrado el km 15, en el que empiezo a flojear levemente, aun así aprieto los dientes para no dejar que Javi se escape más de 2-3 metros.



Vamos Dani que vas muy bien, ¡sigue!, (me “achucha” Javi Pardo).

Mi lucha mental entre parar-seguir es terrible, pero consigo desconectar el cerebro y concentrarme únicamente en seguir a Pardo (vamos, vamos Dani, no pienses, solo corre).

No dejo que ningún parcial se vaya por encima de 4:30, encarando recta de meta eufórico, sabiendo que bajamos de 1h32min, lo que para mí es un paso de gigante, rascarle casi 3 minutos a mi anterior mejor marca en 21K es una pasada.

Cruzamos meta en 1h31:45 (@4:21min/km), le debo “la vida” a Pardo, y salto de alegría cuando veo a Carlos, que me había pronosticado unos más conservadores 1h33-34, estoy LOOOOCOOO de contento.

Bien, Fonseca, bien, coño, bien.

Así que sí…más GORDO, pero también MÁS FUERTE y MÁS RÁPIDO.

En Donosti lo “peto”.


miércoles, 21 de septiembre de 2016

LA PERICO 2016

Y nuevamente la vaguería literaria se ha apoderado de mí en los últimos meses, vaya tela.  
Vale que me “salte” a propósito la crónica del triatlón de Vitoria, distancia Ironman, que supuso un nuevo #DNF en mi exitosa carrera. Dos intentos, dos retiradas, 100% de fracasos. En fin, nunca debí intentar 2 Ironman en el mismo año, y menos con apenas 7 semanas de diferencia entre uno y otro. Pero eso lo sé ahora, claro.
Permítame el lector que aplace el análisis de este traspiés para un próximo post resumen del año 2016, vayamos a lo que nos ocupa, que es mi participación en “La Perico”.
LA PERICO. 165km, 4 puertos, 3 de 1ª categoría y 1 de 3ª, con +3000m de desnivel recorriendo la sierra de Madrid y Segovia, aquí, al ladito de casa. Estaba claro que algún año habría que hacerla.

Quizá no era el momento más adecuado, desfondado física y moralmente tras Vitoria, pero seguro que no sorprende a nadie que me meta en estos berenjenales sin meditarlo demasiado. Pues la hago y punto. Así lo decidí 2 semanas antes de la prueba, con las inscripciones a punto de agotarse.
Sin preparación apenas, simplemente con los kilómetros acumulados durante la primera mitad del año (que no fueron pocos), y dos salidas a la sierra en los dos fines de semana anteriores a la cita que se saldaron con una importante pájara el primer día y mejores sensaciones en la revancha posterior, haciendo 3 de los 4 puertos que se afrontan en la marcha cicloturista.
Y así me presenté en soledad el 14 de agosto, ufano de mí,  debajo del acueducto de Segovia, junto a otros 2.500 “masocas” (perdón, “masocos” y “masocas”), dispuesto a freírme en un día que se presentaba duro por el calor normal por estos lares y estas fechas.

Salida neutralizada hasta la Granja, y desde ahí, 155km de sufrimiento y ¿disfrute?...
Pues sí, disfrute. Esa era la idea, sin marcas ni tiempos previstos. Terminarla, tratar de pasarlo bien y sufrir lo menos posible.
De primer plato Navacerrada por Segovia, un 1ª,  por las llamadas “7 revueltas”. Nunca lo había afrontado por esa vertiente. Más chula que “la madrileña”, en mi opinión. Igual de dura.
Voy sin prisa pero sin pausa, sobre todo teniendo en cuenta que me he olvidado el Garmin en casa, así que sin datos, ni pulsos, ni leches. Por no llevar no llevo ni reloj, tendré que ir preguntando la hora constantemente para regular la ingesta de líquidos y sólidos.
Subes rodeado de muchos ciclistas, aquí sí se nota diferencia con el “Soplao” de carretera, en la que muchas veces vas muy solo. Voy buscando algún participante que me sirva como referencia y antes de darme cuenta hemos coronado el puerto, ya llevamos 30kms y sigo fresco cual lechuga, oiga.

El llano hasta Cotos con relativa tranquilidad y me preparo para afrontar la larga y peligrosa bajada hasta Rascafría. Como preveía muchos sustos y demasiadas caídas. La gente baja muy descontrolada. En una curva una ambulancia cuasi bloquea la carretera y hay que clavar frenos, madre mía qué miedo paso en la dichosa bajada.
Venga, vamos a por Morcuera.
La cara “larga” de Morcuera siempre se me atraganta, bueno, mejor dicho Morcuera siempre se me atraganta por cualquiera de sus vertientes.
Nuevamente busco y encuentro una referencia y junto a un tío de amarillo con una Orbea hago toda la subida, con el típico “te paso, me pasas, te paso, me pasas”. El calor ya aprieta, unos tíos del SestaoTri me adelantan hablando en euskera. Sólo les entiendo algo referente al “Eguzki” (Sol). Cuando llego a su altura les digo que sí, que el eguzki pega de lo lindo, y lo que te rondaré morena. Se ríen y asienten, seguramente pensando que este “vasco” del Atlético San Sebastián (luzco una ikurriña “asínnnnn” de grande en la espalda del maillot)  tiene un acento un poco extraño, como de "Madriz".

Corono Morcuera y repongo líquidos y sólido en el avituallamiento situado en la cima del puerto. Voy bien, 2 1ªs ya y me noto con fuerza.
Para abajo con cuidado hasta Miraflores e inmediatamente iniciamos el 3er puerto de la jornada, Canencia.
Tras el 1er rampón sé que el puerto es bastante llevadero, así que me emociono y subo el ritmo (lo pagaré luego, claro).
Hala, ya me he zampado Canencia, breve parada en el avituallamiento líquido y rápidamente ya estamos bajando otra vez. En el pueblo de Canencia me uno a una grupeta bastante maja que se está formando y juntos nos preparamos para llanear hasta Lozoya.
Aquí es cuando la cago del todo y me da por entrar al relevo como un loco, sobre todo cuando me adelanta una tía que me suelta una mirada en plan “quítate de en medio, paquete”. Acabáramos, pillo su rueda y la vuelvo a pasar, con las piernas picándome tela.
Total, que llego a Lozoya dándolo todo y ya verás tú, ya…
Efectivamente las 1as rampas de Navafría me ponen en mi sitio, tengo las piernas duras como piedras. Unos tíos del Pina-Toledo van haciendo chistes y gracietas que a mí ya no me hacen ni puta la gracia, voy frito y sus carcajadas me taladran el oído.
Los 11kms de esta última subida son interminables, los carteles anunciando el punto kilométrico siguiente parecen no llegar nunca. En el 5 de la subida ya voy muerto, y mentalmente tampoco me ayudo, “todavían quedan 6, no llevas ni la mitad”. Esa no es la actitud, Fonseca.
Tampoco ayuda la cantidad de “cycling deads” que veo tirados en las cunetas, estirando unos, llorando otros, fritos todos.

En fin, que con más pena que gloria llego al final del puerto y me tiro como un loco a por bebida y comida. La comida apenas me entra, mala señal. El último trozo de sándwich me da naúseas…buenoooooooo, Fonsecaaaaa, ¡ya empiezas!
Respiro profundamente y me siento un rato a digerir el momento y luchar contra el sudor frío y el amago de pájara.
Son 50kms a meta, 10 menos si descuento la bajada, 40kms que van a ser…muy duros, Fonseca.
Pienso incluso en la retirada, pero inmediatamente me viene a la cabeza el cachondeo y descojone general que esto produciría en mis queridos “amigos”, en especial los del triatlón La Sagra, de forma que me digo que no, que ni de coña me retiro.
Agarro la bici, me enchufo 2 geles de golpe (que me sientan como el puto culo), y me tiro para abajo entre escalofríos y temblores varios.
La bajada de Navafría es por un sucedáneo de asfalto criminal, vaya tela de bajada. Entre eso y que bajo blando y desorientado, cada curva es un susto y me veo abrazado a un pino, ya verás tú.

Llego al terrible llano final solo, sin compañía alguna y me digo que ni de coña afronto así 40 kilometritos…así que me instalo en unos cómodos 20kmh y ya pasará alguien, ya…
Efectivamente un mini-grupo de 4 me pasa y el último me dice:
“Venga, súbete al autobús”.
¡YA TE DIGO QUE ME SUBO!
Poco a poco los geles hacen su trabajo y las sensaciones mejoran, y así llego con la mini-grupeta al último avituallamiento líquido de Collado Hermoso, en el que trato de pararme lo menos posible para no prolongar mi agonía.
Nuevamente espero a que me alcance un grupo, esta vez más numeroso, comandado por 2 ciclistas del CC Arsan, Javier Escudero y Javier Pintor.
Los menciono expresamente porque el detalle que tuvieron el resto de componentes de la grupeta, unos 15 tíos, me pareció sencillamente lamentable.
Los 2 chavales tiraron de nosotros durante más de 20 kilómetros sin entrar ni Dios al relevo. No, yo tampoco entré al relevo, sencillamente no podía, si lo que quería era llegar a meta. Pues nada, a falta de 2 kilómetros, la gente como loca se pusó a tirar a muerte, dejando tirados a los chavales, lo que me pareció tristísimo. Los pobres no se lo podían creer…
“¿Has visto? Les llevamos y lo pagan así, total, para qué, ¿para entrar 30 segundos antes? ¿un minuto, quizás?”
Yo me mantuve a su rueda, y en recta de meta les dejé su espacio, para que entraran abrazados. Crucé tras ellos y les di las gracias por llevarme hasta la meta.



7 horas, 32 minutos y 37 segundos, dice la clasificación que tardé, el 2026 de 2350 que tomaron la salida, de los últimos, vamos. Yo creo que fue más, me parece que no tiene en cuenta el tramo inicial neutralizado hasta La Granja. Me debí quedar muy cerca de las 8 horitas de paliza, no lo sé porque como he dicho fui sin reloj.
Buena tunda, y es que nuevamente le perdí el respeto a este tipo de pruebas. Parece que, como ya soy un 3x Ironman, puedo afrontar cualquier reto sin entrenarlo ni prepararlo, y claro, luego llega el día y me ponen en mi sitio…
Pero, ¡qué coño!...ESTOY CONTENTO, he terminado La Perico, durísima marcha cicloturista bajo un sol y calor infernal.
Olé mis cojones.